¡Oh! Un dulce osito de peluche “empapelado” (y no precisamente por portar droga). Realmente, más que “empapelado”, el adejtivo correcto sería “forrado”. Sí, sin duda, se trata de un dulce osito “forrado”.

La monada es una creación de Johnny Swing realizada con billetes de un dólar (reales) -su precio son 1250, ¿hay 1250 en ese osito?- y según reza el pie de foto en Público.es “un regalo perfecto para neoliberales con pesadillas donde la crisis se acaba comiendo al capitalismo salvaje.”.

Sin embargo, no es el capitalismo salvaje y desaforado de lo que aquí hablaremos (“bloguearemos”) sino de la economía en general como sistema (sí, puede que hablemos de capitalismo).
En la actualidad, todo -y recalco TODO- está imbuido, de una manera más o menos patente, por la economía: su sistema productivo capitalista, las decisiones de mercado y la medición del valor -entre otros-. ¿Por qué digo esto? Porque es una premisa fundamental a la hora de analizar cualquier elemento de la sociedad actual (incluida su cultura). La economía no es sólo cosa de banqueros, empresas y obreros que pierden su empleo. La estructura económica nos condiciona, aglutina y determina a todos; desde los neobohemios románticos a los que sufren durante las pausas publicitarias (gracias R.Magallón por la anécdota). Por lo tanto sería una farsa, y el primer fallo de cualquier análisis crítico, considerar a los fenómenos actuales (emergencia de las TIC y sus paradigmas sociales de la información y el conocimiento, el desarrollo y transmisión de la cultura, etc.) como parcelas vírgenes del influjo económico capitalista.

Sí, es así. Otra cuestión es en qué medida deben crearse “parques naturales culturales” un poco menos economizados; cuestión que no desarrollaré ahora porque se trata de una primera entrada y ha de ser sencilla (no quiero aburrir a mis lectores el primer día). Retomando lo anterior; su presencia (la del sistema económico) es total.

Entonces, ¿qué ocurre si se derrumba la economía?¿Se derrumba el sistema? Ahora es un buen momento para comprobar cuan interrelacionado se encuentra todo: lo peor de cada cosa siempre hacen que se hable de ello. Cuando todo va bien, a nadie la interesa. Cuando todo va mal, es cuando nos interesa.

¿Y por qué funcionan mal las cosas? Y si funcionan mal, ¿cómo arreglarlas? Es una eterna espiral, una pregunta engendra otra pregunta. Ha cambiado; los trabajadores ahora son de cuello blanco y la sociedad de servicios, ¿ha cambiado la cultura? Sí, el otro día leía en El País un reportaje titulado “La cultura ya es de masas” en el que se planteaba si se acortaban las distancias entre el gusto popular y la élite. ¿Es así? ¿Nos abre Internet las puertas a la cultura o nos las cierra el gobierno y su perro sarnoso llamado, cariñosamente, SGAE?

De dónde venimos,-no es nada malo mirar al pasado y asumir que es eso: pasado, que ocurrió y no tiene por qué perpetuarse- y a hacia dónde vamos. Las cosas cambian y, con casi toda seguridad, lo hacen más rápido que nosotros mismos. No sé, quizá ya sean demasiadas preguntas para una primera entrada.

¿El resto? Es cosa vuestra…

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